En lo alto de un monte, junto a un estrecho o frente a la entrada de la ría, los faros de las Islas Cíes cuentan una historia ligada a la navegación. Antes de convertirse en destinos para senderistas y protagonistas de miles de fotografías, sus luces ayudaban a los marineros a reconocer la costa y orientarse entre la oscuridad, los bajos y los pasos del archipiélago.
Su presencia recuerda que las Cíes, además de un espacio natural protegido, forman parte del paisaje de trabajo del mar. Por sus aguas han pasado embarcaciones pesqueras, barcos de mercancías y viajeros que encontraban en estas señales una referencia para aproximarse a la ría de Vigo.
Las Cíes, una posición estratégica para la navegación
Las islas se sitúan frente a la entrada de la ría de Vigo, donde separan el océano abierto de unas aguas interiores más resguardadas. Su posición ofrece protección natural, pero también obliga a identificar correctamente los canales de entrada y los obstáculos del entorno.
Durante el día, el relieve de las islas permite reconocer puntos de la costa. De noche, esas referencias desaparecen y las luces adquieren una importancia fundamental.
La construcción de los faros respondió a esa necesidad: proporcionar señales reconocibles para facilitar la orientación. Cada emplazamiento cumple una función dentro del conjunto. Un faro elevado ofrece una referencia distinta a la de una pequeña señal situada cerca de un paso entre islas.
Por eso, hablar de los faros de las Islas Cíes supone mirar más allá de su silueta y comprender el lugar que ocupa cada uno en el mapa marítimo.
El faro de Cíes: el comienzo de una nueva etapa
El gran faro de Monte Faro, situado en la isla del mismo nombre, es el más conocido del archipiélago. Su construcción se desarrolló a comienzos de la década de 1850, entre 1851 y 1853, y su entrada en servicio se sitúa en 1853.
La elección de una posición elevada permitía ofrecer una referencia luminosa a los navegantes que se aproximaban desde el Atlántico. Sin embargo, levantar y mantener una instalación en aquel emplazamiento exigía resolver dificultades de acceso y abastecimiento.
El camino de curvas que hoy recorren los visitantes ayuda a imaginar ese esfuerzo. Subir materiales y atender las necesidades del faro era una tarea muy diferente a caminar hasta él con una mochila.
La construcción incorporaba la torre de la luz y dependencias para los fareros. El edificio era, por tanto, una instalación técnica y también un lugar de vida y trabajo.
Un camino que forma parte de su historia
La subida en zigzag es una de las imágenes más reconocibles de Cíes. Su trazado permite ganar altura por la ladera hasta alcanzar el entorno del faro.
Actualmente, el ascenso se asocia a las vistas sobre Rodas, el lago y las otras islas. Pero su origen está vinculado al funcionamiento de una infraestructura que necesitaba acceso para personas, suministros y trabajos de conservación.
Al recorrerlo, el paisaje permite entender por qué se escogió aquel punto y cuánto condicionaba el relieve la vida cotidiana de quienes atendían la luz.
El verano de 1898 en que el faro quedó a oscuras
Uno de los episodios más singulares de su historia ocurrió durante la guerra entre España y Estados Unidos.
En julio de 1898, el temor a una posible incursión estadounidense en la costa gallega llevó a ordenar el apagado de los faros de Cíes y cabo Silleiro. También se retiraron señales de balizamiento de distintos puntos de acceso a la ría.
La medida perseguía dificultar la orientación de una flota enemiga, aunque también perjudicaba a las embarcaciones que utilizaban habitualmente aquellas aguas.
El 22 de julio quedó documentada una comunicación urgente para ejecutar la orden. A comienzos de septiembre se dispuso recuperar el balizamiento y volver a encender las luces.
Durante unas semanas, unas instalaciones concebidas para guiar dejaron de hacerlo por razones militares. El episodio muestra hasta qué punto la historia de los faros está conectada con acontecimientos que sucedían mucho más allá de las islas.
Faro do Peito: la referencia del norte
El faro do Peito, también conocido como faro de Monteagudo, se encuentra en el extremo norte del archipiélago. Está datado en 1904 y, junto con las señales del entorno de cabo Home, contribuye a marcar la entrada norte de la ría de Vigo.
Su escala es diferente a la del gran faro de Monte Faro. Aquí el protagonismo lo tiene su posición, próxima al canal que separa las Cíes de la costa de O Morrazo.
Desde su entorno se comprende la relación entre las islas y el continente: la distancia parece corta, pero las corrientes, el oleaje y los obstáculos hacen necesaria una navegación atenta.
La ruta hasta este punto permite conocer la isla de Monteagudo. Al llegar, es importante respetar la señalización y los límites de acceso, ya que existen zonas protegidas para la reproducción de aves marinas.
Faro da Porta: una luz frente a San Martiño
Construido en 1918, el faro da Porta se sitúa en la isla del Faro, frente al estrecho que la separa de San Martiño. Su nombre está directamente relacionado con ese paso, conocido como Freu da Porta.
A diferencia del faro principal, su emplazamiento es más bajo y cercano al mar. Esa posición permite observar de cerca el paisaje del estrecho y la costa de la isla situada enfrente.
Su construcción forma parte de la ampliación de las señales marítimas del archipiélago durante el siglo XX. El objetivo era complementar las referencias existentes y facilitar la identificación de puntos concretos.
Hoy se puede llegar hasta él por una ruta de pendiente más suave que la subida a Monte Faro. El recorrido pasa por el entorno de Nosa Señora y Carracido antes de continuar hacia la señal marítima.
Faro dos Bicos: la señal de la isla sur
El faro dos Bicos se encuentra en San Martiño, la isla meridional de las Cíes. Forma parte de las señales incorporadas al archipiélago durante el siglo XX.
Su ubicación explica que sea menos conocido por quienes llegan en las visitas habituales a Monteagudo y Faro. San Martiño está separada de ambas y no se puede alcanzar caminando desde Rodas.
Esta diferencia es importante al preparar una excursión: los faros de Monte Faro, da Porta y do Peito pueden integrarse en recorridos por las dos islas conectadas, mientras que dos Bicos pertenece a otro ámbito del archipiélago.
Su presencia recuerda que la señalización de Cíes se extiende más allá de los caminos que recorre la mayoría de los visitantes.
El trabajo de los fareros
Detrás de la imagen del faro aislado había un oficio que exigía constancia. Antes de la automatización, mantener una luz operativa implicaba vigilar el funcionamiento del sistema, limpiar los elementos ópticos, atender los mecanismos y registrar incidencias.
En un entorno insular, esas tareas estaban condicionadas por el tiempo y las comunicaciones con tierra. El abastecimiento y los desplazamientos dependían de unas condiciones marítimas que no siempre eran favorables.
Las dependencias del faro principal conservan la huella de aquella relación entre vivienda y trabajo. Su historia también pertenece a las personas que cuidaron la instalación y sostuvieron su funcionamiento durante años.
De las luces atendidas a la energía solar
La evolución tecnológica ha transformado la gestión de los faros. La automatización y la incorporación de energías renovables permiten mantener las señales sin la presencia permanente que requerían los antiguos sistemas.
En Cíes, las instalaciones de da Porta y do Peito utilizan energía solar. El faro principal también ha sido objeto de actuaciones para renovar su linterna e incorporar nuevos paneles y baterías.
Estas intervenciones responden a un desgaste constante. El salitre, el viento y los temporales afectan a los materiales y obligan a realizar trabajos de conservación.
Aunque las formas de producir y controlar la luz hayan cambiado, la ubicación sigue siendo decisiva: cada señal permanece ligada al punto de costa que ayuda a reconocer.
Cómo descubrir los faros durante una visita a Cíes
Conocer su historia añade otra dimensión a las rutas del archipiélago. La subida a Monte Faro permite apreciar el emplazamiento del primer gran faro; el paseo a da Porta acerca al estrecho frente a San Martiño; y el recorrido hacia do Peito muestra la relación con la entrada norte de la ría.
Elige la ruta según el tiempo disponible y tu condición física. Lleva agua suficiente, protección solar y calzado adecuado, y calcula el regreso con margen respecto a la salida del barco.
La llegada al entorno de un faro no implica que su interior esté abierto al público. Respeta los accesos, las instalaciones y las zonas restringidas.
Antes de emprender el camino de vuelta, observa el mar desde ese punto. Lo que durante una excursión es una panorámica fue, para generaciones de navegantes, una costa que necesitaban reconocer para continuar su viaje.